viernes, 19 de marzo de 2010

El fin de semana de Santiago - Parte 1

Está amaneciendo a un sábado cualquiera en el invierno limeńo. Con el sonido de la alarma en el nextel, que tanto odia, Santiago se levanta. Siente unos leves dolores de cabeza que lo joden cuando madruga muy temprano por la mańana. El sabor de la marihuana todavía están en su boca: son los estragos de una noche en donde no ha parado de volar el pensamiento. Eufórico, Santiago se estira en la cama aplaudiéndole al día. Empieza a recordar que hoy es sábado y olvidar la práctica calificada del viernes. Sonríe para sí mismo mientras piensa.

Entre risas susurra para él:

“que rico es fumarse un porro después de un examen…no tienes ni una puta preocupación…para colmo hoy día es sábado…puta que rico”

Después de haber estudiado toda la semana como un condenado, Santiago llegó a su examen a las 6:00 de la tarde aquel viernes. Al terminar, a toda prisa, corrió por los pasillos de la universidad dejando que el aire limeńo lo bańara de ese sentimiento tan sublime que significa y engloba el fin de semana.

Llegando jadeante a la puerta de la universidad vio a su amigo Gael recostado sobre la pared. Gael le hizo el típico gesto a mano alzada para que lo jalase. Santiago lo miró riéndose y le dijo: “apúrate tío que es viernes en la noche”.

Gael era probablemente uno de los que mejor comprendía a Santiago. A pesar de no tener la misma situación económica que él y vivir en Chosica; Santiago lo consideraba y le otorgaba, por encima de sus amigos: la confianza absoluta.

Entre sonidos de bocinas y música, Santiago deja a Gael en el paradero de La Molina. Al bajarse y despedirse Santiago logra gritarle entre el bullicio de gente: “Cholo sé un grande”. Esa noche Santiago recordando sus palabras, sentirá por siempre un gran respeto y amistad por Gael.

Pedal a fondo Santiago llega a su casa. No come. Directo a la ducha y sale como nuevo. Se esmera por ponerse ese polo y echarse esa colonia que le encantan a Cayetana. Ella es su enamorada, su amiga, su compańera en travesuras y por el momento la luz que ilumina su camino por la vida.

Cayetana no es muy bonita bajo los estándares limeńos. Viste muy conservadora… víctima de una madre tradicional de nuestra capital. Tiene el pelo muy largo ─probablemente eso es lo que más le encanta a Santiago─ es más usualmente se acerca a Cayetana y le susurra en el oído las palabras sabias de una canción de Sabina: “champú de arena par tu melena de muńeca rota”.Sin embargo, para Santiago, ella es simplemente perfecta. Tiene unos ojos tan profundos capaces inclusive de desvestir al mismo diablo pero que cuando lo mira él: son sinónimo de amor puro.

Sale embalado de su casa y por la Costa Verde se dirige hacia San Isidro. Pasa por varios parques donde antańo la droga era sinónimo de reunión, moda y estilo de vida. Se ríe…hoy en día fuma sus tronchos pero en ocasiones muy especiales. Pasa la calle de la oficina de su padre y piensa si este ya habrá regresado a su casa. Piensa en su familia y le agradece a Jesusito por tener un padre, una madre y un hermano que él adora.

Cuadra la pick up frente a la casa de Cayetana. Vuelve a respirar ese aire limeńo tan rico. Mira los árboles y la niebla. Son las 8:30, la llama, ella contesta: “bajo en 5 minutos” y la espera fumando un cigarro recostado sobre la fiel Toyota. Pone un poco música del magnánimo Drexler…sabe que esos 5 minutos son realmente 20.

Escucha al portero abrir la puerta…existe cierta complicidad entre él y Santiago. Es simplemente un sentimiento mutuo de felicidad. Ella aparece tras la puerta de vidrio…sus ojos deslumbrantes, su sonrisa…espectacular. Un sentimiento de prosperidad llena el alma de Santiago.

Van juntos a un pequeńo restaurante italiano…él que le encanta a Cayetana. Comen entre sorbos de un vino y carcajadas. Santiago se siente muy bien esa noche.

Deja a Cayetana en su casa y se queda conversando con el portero al ritmo de un cigarro en la noche San Isidrina. Murmullan entre ellos…parecen antiguos amigos.

Al acostarse, Santiago, es invadido por la felicidad pura. Mańana será un nuevo día

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